Por lo que veo pensás quedarte mucho tiempo más en mi corazón, te trajiste el flete cargado de muebles para empezar a instalarte cómodamente en un rinconcito, y, sé que no voy a poder echarte, porque soy lo suficientemente boluda como para dejarte un tiempo más.
Sos un huésped mío y a la vez el que sostiene el volante para no fundir mi motor. Yo soy la dueña de éstas paredes, pero a la vez soy tu esclava y dudo dejar de serlo, no mientras te siga pensando como te pienso.
¿Por qué no te vas? No te pido demasiado, dí muchos pasos al costado y ninguno al frente, por vos. Pasé mucho tiempo dentro de un taper por el simple hecho de no querer perderte aunque no estés conmigo. Me creía poderosa, porque queriéndote tenía una escusa para que no estés con ella. Pero ahora que soy un poco más feliz, que me siento más fuerte por dentro y por fuera, ahora que tengo el poder de cautivar a alguien o traer alguna atención. Ahora que soy la que quería ser hace rato, volvés. Volvés como quería que lo hagas hace un año exactamente, porque hoy, después de trescientos sesenta y cinco días, sigo remando este bote. Pero los remos se rompieron hace bastante, no puedo seguir a flote con un hisopo de cinco centímetros, ni con mis sueños, ni con vos colgado de ellos.
Es hora de pisar un poco la tierra, los sueños no son para mí, los sueños no van a hacer que no caigas al vacío, sólo aumentan la energía, la fuerza y las espectativas. Los sueños aumentan las ilusiones de un navegante esperanzado, pero no van a impedir que se ahogue en un mar de desilusión.

No hay comentarios:
Publicar un comentario